Archivo para Kafka

Juan Manuel Álvarez Romero: El hijo de las costureras

Posted in Uncategorized with tags , , , , on julio 21, 2010 by javierfarto

Disculpas de nuevo a mis lectores por tanto retraso. Además, todavía no puedo servirles  la entrada sobre Carlos Casares. Nos adelantaremos un poco e introduciré algo posterior. Reseña a El hijo de las costureras de Juan Manuel Álvarez Romero.

Algunos autores actuales como Ricardo Piglia o Enrique Vila Matas creen en la metaliteratura; yo también. Creo en la creación de libros a partir de otros libros, creo en el diálogo con otros autores y con otros personajes; creo en el respeto a los clásicos y en la inmortalidad de los mismos. Cualquier aspecto de la realidad, de la litaratura, de la cultura o del arte (y todos estos devienen en elementos trascendentes: ¿acaso Don Quijote, sino más real, es, desde luego, infinitamente más trascendente que cualquiera de nosotros?). Tenemos un libro El hijo de las costureras de Juan Manuel Álvarez Romero. Ya hay pues, con quien dialogar y algo que podemos ficcionalizar. Hablemos con las obras que suele ser mejor que hacerlo con los autores (y sigo la máxima de D. H. Lawrence “cree al cuento, no al cuentista”).

Enfrentado a la lectura de El hijo de las costureras, he visto una dualidad. Para mi hay allí una evocación y al mismo tiempo una narración social. A veces las veo unidas como el Bien y el Mal en los hombres, inseparables según San Agustín; en otras ocasiones me digo en estas páginas hay mucho más de realismo social, en estas otras mucho más de evocación. Es un dualismo maniqueo.

En el apartado más realista, el mundo en el que se sostiene la narración es sórdido, es duro, mezquino con chispazos de buenos sentimientos. Los hombres y mujeres que en él pululan son seres muy cotidianos y que se muestran como tales, viven con sus anhelos, temores, miserias y ruindades. Sabemos que no falta de todo ello en el género humano, y como tal, lo muestran.

Pero el momento en el que la narración alcanza sus mayores bríos es cuando aparece lo extraño. Aquí es el pobre deforme que vive encerrado y cuidado por una generación de mujeres. Aislado en gran medida, está condenado a observar el mundo, más que a actuar en él. Encerrado en su laberinto no trata de engañar al lector como el minotauro de Borges, que le insinua que es un Dios, sino que abiertamente asume su condición de paria. Es en este mundo donde la evocación hace más acto de presencia, donde los olores, sonidos y recuerdos se adueñan muchas veces de la narración y del lector. Aparece esa cualidad que se ha dicho de Scott Fitzgerald: el encanto. Pero para mí, más fuerte aun que él, es la imagen de una persona deforme enclaustrada, persona cuya libertad viene dada por la cultura: el aprendizaje de la historia, la música, la literatura, las estrellas. Reflexionemos acerca de que sus enclaustradores son, en gran medida, aquellas mismas personas normales que, cuando Samsa se convirtió en escarabajo en la Metamorfosis de Kafka, decidieron que tenía que morir. En El hijo de las costureras estas personas se deciden por el abandono o la sobreprotección.

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La noche de las palabras

Posted in Uncategorized with tags , , , , on enero 2, 2010 by javierfarto
La noche de las palabras

La noche de las palabras

La noche de las palabras es el título de la primera novela de Luis Pousa, y no ha sido un mal debut: ha recibido el premio Fernando Arenas Quintela 2009.  No es su debut literario, ya que anteriormente había publicado el libro de poemas O embigo do mar.

Para presentar al autor diremos que Luis Pousa nació en Lugo, en el año 1971.  Es una rara avis, en el sentido de ser de “ciencias y letras”, ya que es licenciado en matemáticas y está trabajando actualmente en su tesis doctoral. Profesionalmente está ligado al mundo del periodismo, trabajando para el diario La Voz de Galicia (podemos leer cada sábado sus reseñas en el suplemento de Culturas de este diario).   En 2006 recibió el accésit del premio de periodismo Pérez Lugín.

Es turno de su novela. La noche de las palabras presenta un accidente de tráfico y, como consecuencia, un desmemoriado: el joven pintor Miguel Andrade Seoane. Andrade tendrá como meta recuperarse de sus heridas, tanto físicas como mentales. De las primeras se realizan menciones fragmentarias, a ratos, centrando la importancia en las segundas: el pintor ha perdido la memoria, recuerda su letra, fragmentos y citas de libros que ha leído  (ha estudiado también la carrera de filosofía), pero tiene muchas
lagunas respecto a su infancia y su vida corriente. Pocos recuerdos de su actividad como pintor, de su galerista y tampoco de sus dos matrimonios fallidos.

A lo largo de la novela (como si se siguiesen los derroteros de las denominadas novelas de aprendizaje, pero en este caso mejor hablaríamos de (re)descubrimiento), el protagonista se/nos irá mostrando distintas facetas de su vida. Con cierta pesadumbre (incluso para él) llega a ver que ésta  queda resumida en el arte, el coleccionismo y el coito.

(En las próximas entradas iremos profundizando en diversos aspectos de la obra)