Fragmentos de Chandler: El largo adios

  • La primera vez que le eché la vista encima, Terry Lennox estaba borracho.. dispuesto a gastarse demasiado dinero en uno de esos locales que sólo existen para sacarles los cuartos a tipos como él.

  • sobre los hombros llevaba un abrigo de visón azul que casi convertía el Rolls-Royce en un automóvil más… Buenísimo, fíjate como se compite en lujo y sofisticación…. están acostumbrados al tipo de gente que hace dudar de que las clases particulares de tenis mejoren a las personas.
  • El encargado del aparcamiento tenía ya al muchacho del pelo canoso en un sitio donde estaba por completo a su alcance: un nivel muy bajo de ingresos
  • Su apartamento era pequeño, opresivo e impersonal. Podría haberse mudado aquella misma tarde… No había ni fotografías ni objetos personales en toda la casa. Podría haber sido una habitación de hotel, alquilada para un encuentro o una despedida, para beber unas copas y charlar, o para darse un revolcón. No parecía un sitio donde viviera nadie.
  • Quizá deje de beber uno de estos días, todos lo dicen, ¿no es cierto?… Se necesitan unos tres años. Hay que acostumbrarse a unos colores más cálidos, a unos sonidos más reposados. Hay que contar con las recaídas. Toda la gente a la que uno conocía bien se vuelve un poco extraña. Ni siquiera encontrará agradable a la mayoría y tampoco usted les parecerá demasiado bien a ellos.
  • Noticias de la prensa rosa: A esta corresponsal le emociona la noticia de que Terry y Sylvia Lennox, esa pareja tan encantadora, se hayan reenganchado en Las Vegas. Sylvia es la hija menor del multimillonario Harlan Potter, de San Francisco y Pebble Beach, por supuesto. Ha encargado a Marcel y Jeanne Duhaux que le decoren de nuevo la mansión de Encino, desde el sótano al tejado, en el dernier cri más irresistible. Curt Westerheym, el penúltimo de Sylvia, queridos míos, le ofreció esa chocita con dieciocho habitaciones como regalo de boda, quizá lo recuerden ustedes. ¿Y que ha sido de Curt?, preguntarán, ¿o no lo hacen? Saint-Tropez tiene la respuesta, y de manera permanente, según he oído, junto con cierta duquesa gala, de sangre pero que muy azul, con dos hijos absolutamente adorables. ¿Y qué piensa Harlan Potter de esta repetición de boda?, podrían pensar también ustedes. Sólo es posible hacer conjeturas. El señor Potter es una persona que nunca, lo que se dice nunca, concede entrevistas. ¿Hasta donde se puede llegar en esto de ser personas selectas, queridos míos?
  • Parecía un tipo que había aprendido a encajar los golpes reduciendo al mínimo los daños… Tengo mucho dinero. ¿A quién le interesa ser feliz?
  • Un verdadero gimlet es mitad ginebra y mitad Rose’s Lime Juice y nada más. Los martinis no tienen nada que hacer a su lado… Nunca he sido demasiado exigente en cuestión de bebidas
  • Siempre hay algo que hacer si uno no tiene que trabajar ni preocuparse por el precio. No es divertido de verdad, pero los ricos no se dan cuenta. No saben lo que es eso. Nunca quieren nada con pasión, excepto la mujer de otro, y eso es bien poca cosa comparado con la manera en que la mujer del fontanero quiere cortinas nuevas para el cuarto de estar.
  • Antes o después quizá descubra por qué le gusta vivir como a un caniche de lujo… Me gustaba más borracho, miserable, hambriento y acabado, pero orgulloso.
  • Atrapé un anillo de latón y me escandalizó descubrir que no era de oro. Un tipo como yo tiene un momento estelar en la vida, un recorrido perfecto en el trapecio más alto. Luego se pasa el resto de sus días tratando de no caerse a la cuneta desde la acera.
  • Apagué el fuego y puse la cafetera en la mesa sobre un salvamanteles de paja. ¿Por qué tanto detalle? Porque el ambiente estaba tan cargado que hasta la acción más insignificante se convertía en espectáculo, en un movimiento autónomo de extraordinaria importancia. Era uno de esos momentos sumamente delicados en los que todos los movimientos maquinales, aunque funcionen desde hace mucho tiempo, por habituales que sean, se convierten en actos voluntarios singulares. Es como una persona que aprende de nuevo a andar después de la poliomelitis. No se da nada por sentado, absolutamente nada.

4 comentarios to “Fragmentos de Chandler: El largo adios”

  1. Bien elegidos los fragmentos, Javier. ¡Que bien construía las frases este tipo!. Con una pincelada te muestra un carácter o una situación. Que envidia

    • Pues sí, Fernando, pues sí. Especialmente me gusta su ironía y cinismo. Suele elegir sus frases con este punto orientado hacia el dinero y el consumismo

      Abrazo

      Javier

  2. Esperando terminar mi lectura de ahora (que no está nada mal) para volver a Chandler. Un saludo.

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