Edgar Borges: La contemplación (y III)

Edgar Borges es un autor que parece nos arrastra a recorrer el camino hacia lo simbólico. En las obras suyas que he citado hay siempre un argumento aparente. En él hay un crimen, varios sospechosos, así como escasez de referencias espaciales y temporales. El espacio y el tiempo son introducidos con morosa frecuencia. El resultado, como en Kafka, es una sensación de desasosiego, de unos personajes que parecen vivir y actuar en escenarios casi vacíos, tal que flotasen. El nudo gordiano de las obras suele estar, no en la acción, ni en la resolución del misterio, ni mucho menos en la descripción de tipos humanos; el nudo suele referirse a nuevos problemas a los que la investigación del crimen inicial nos remite, problemas en los que la masa, manipulada, suele detentar un rol crucial.

Anoto lo que creo un avance en este trabajo de Edgar Borges. En sus obras anteriores, sobre todo al comparar con ésta, creo haber percibido que, cuando el libro va avanzando, el argumento aparente va perdiendo algo de protagonismo en favor de sus sugerencias simbólicas, que nos remiten a otros mundos. En La contemplación el argumento aparente, el que se ve a primera vista es más rico y complejo. Hay más personajes, la introducción de elementos espaciales y temporales, siendo morosa, lo es menos que en obras anteriores, lo que contribuye a darle más densidad. En esta obra el número de espacios es mayor (se pierde ese espacio reducido, casi teatral, que maneja este autor) pero este aumento de espacios, en los que las referencias siguen siendo escasas nos llevan a un cierto vértigo, bien acompañado por algunos diálogos que contribuyen a esa impresión de infinitud, de vastedad.

Creo, en definitiva, que ello contribuye a que el elemento dominante del desasosiego, se quede aquí, en mayor medida que en otras obras, en la narración del primer plano, en el argumento aparente. Es cierto que contribuye a que el libro sea “más difícil de interpretar”, debido a los movimientos entre los diversos espacios. Se ha tachado como libro “difícil” pero, siguiendo a Susan Sontag, la interpretación es, en ocasiones, más una traba que una ventaja. Habrá muchos lectores que creeran haber aprehendido una; otros, percibirán el texto de una forma más inconexa. Pero ¿acaso esto impide percibir el peligro de la masa, la indefensión de los no-homogéneos, el conflicto de la sexualidad y de la dualidad? La recreación de todo esto es mucho más importante que la persecución obsesiva de esa abstracción que denominamos contenido (visto aquí como la obtención de un “resumen”, un “argumento”).

Como se dijo de Faulkner “En ocasiones no sabes muy bien qué está pasando, sólo que está pasando algo terrible”

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