Edgar Borges: La Contemplación (II)

En La contemplación, aparecen muchos de estos dualismos aparentes: hombre vs. mujer, Lennon vs. McCartney, individuo vs. masa,  nacional vs. extranjero, acción vs. Contemplación. En el argumento primero aparecen hombres, mujeres y transexuales. La protagonista principal, con sus problemas de pareja, introduce primeramente un conflicto hombre-mujer, pero esto se extiende a un conflicto masculino-femenino en su propia persona. La música no deja de aparecer, tanto la pareja de la protagonista como uno de sus alumnos aventajados, usan la música como un instrumento de tortura para dicha protagonista, escritora y crítica.

En la novela hay una lucha entre el individuo y la masa. La masa es vista en un sentido orteguiano: es vulgar y se siente orgullosa de serlo, denostando la diferencia. Absorbe y anula al individuo, trata de volverlo como ella, lograr la homogeneidad completa, lo que en cierto sentido desemboca irremediablemente en su deshumanización. La masa no tolera a los seres diferentes, por eso en la novela, esta masa no quiere extranjeros, no quiere transexuales. No quiere lo diferente que es absorbido o eliminado (de ahí los asesinatos descritos en ella).

La masa no quiere la contemplación. La masa está lanzada en una carrera hacia ninguna parte. Se opone a la contemplación, al detenimiento, a saborear detenidamente lo que nuestros sentidos nos ofrecen, En su lugar ofrece una prisa, un recorrerlo todo de forma rápida y repetitiva, cansina. Subyace el conflicto arte (contemplación) vs. acción que tan bien manifestara Thomas Mann en La muerte en venecia o La montaña mágica. En la novela percibo que se presenta el sólo contemplar como una sublevación, más que incluso como disfrute estético. Lo cierto es que en Las puertas de la percepción o Cielo e infierno, Aldous Huxley presentaba ciertas intuiciones biológicas: sin algunos de nuestros filtros químicos veríamos cada objeto como único e independiente, como un objeto maravilloso. Esos filtros químicos nos capacitan para la vida corriente, para la vida no artística. Huxley habla de su experiencia con la mescalina, que puede anular dicho filtrado. El hombre se convierte así en un ser destinado al arte e incapacitado para la vida corriente (Huxley introduce la sospecha de que algunos artistas tenían deficiencias naturales en dicho filtrado, lo que posibilitaba ciertas visiones suyas).  La novela de Edgar Borges me sugiere que esa incapacidad no es bien vista por la masa. Ya no entramos en la acción de contemplar como objeto artístico, sino simplemente como un elemento que, obligando al detenimiento, es contrario a la prisa que la masa reivindica. La prisa que evita el extrañamiento, noción que los formalistas rusos consideraban fundamental para que el objeto se convirtiese en arte.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: