Contra la interpretación (I)

Estas notas están extraídas del ensayo de Susan Sontag, Contra la interpretación.

La más antigua experiencia del arte tiene que haberlo percibido como encantamiento o magia: un instrumento del ritual. La primera teoría del arte, la de los filósofos griegos, proponía que el arte era mímesis, imitación de la realidad.

Platón, que propuso la teoría, lo hizo al parecer con la finalidad de establecer que el valor del arte es dudoso. Al considerar los objetos materiales ordinarios como objetos miméticos en sí mismos, imitaciones de formas o estructuras trascendentes, aun la mejor pintura de una cama sería solo una “imitación de una imitación”. Para Platón, el arte no tiene una utilidad determinada ni es, en un sentido estricto, verdadero. Los argumentos de Aristóteles en defensa del arte no ponen realmente en tela de juicio la noción platónica de que el arte, a pesar de su elaboración, deje de ser una mentira. Sin embargo, sí que discute la idea de que el arte sea inútil. Mentira o no, el arte tiene para Aristóteles un cierto valor en cuanto constituye una forma de terapia: el arte es útil, medicinalmente útil, en cuanto suscita y purga emociones peligrosas. En Platón y Aristóteles la teoría mimética del arte va pareja con la presunción de que el arte es siempre figurativo.

El hecho es que toda la conciencia y la reflexión occidentales sobre el arte han permanecido en los límites trazados por la teoría griega del arte como mímesis o representación. Es debido a esta teoría que el arte en cuanto a tal llega a ser problemático, a necesitar defensa. Y es la defensa del arte la que engendra la singular concepción según la cual algo, que hemos aprendido a denominar “forma”, está separado de algo que hemos aprendido a denominar “contenido”, y la bienintencionada tendencia que considera esencial el contenido y accesoria la forma.

Aun en tiempos moderno, cuando la mayor parte de los artistas y de los críticos han descartado la teoría del arte como representación de una realidad exterior y se han inclinado en favor de la teoría del arte como expresión subjetiva, persiste el rasgo fundamental de la teoría mimética. Concibamos la obra de arte según un modelo pictórico (el arte como pintura de la realidad) o según un modelo de afirmación (el arte como afirmación del artista), el contenido sigue estando en primer lugar. El contenido puede haber cambiado. Quizá sea ahora menos figurativo, menos lúcidamente realista. Pero aún se supone que una obra de arte es su contenido

Ninguno de nosotros podrá recuperar aquella inocencia anterior a toda teoría, cuando el arte no se veía obligado a justificarse. Desde ahora hasta el final de toda conciencia, tendremos que cargar con la tarea de defender al arte. Sólo podremos discutir sobre este u otro medio de defensa. Es más: tenemos el deber de desechar cualquier medio de defensa y justificación del arte que resulte particularmente obtuso, o costoso, o insensible a las necesidades y práctica contemporáneas.

Este es el caso, hoy, de la idea misma de contenido. Prescindiendo de lo que haya podido ser en el pasado, la idea de contenido es hoy sobre todo un obstáculo, un fastidio, un sutil, o no tan sutil, filisteísmo.

Aunque pueda parecer que los progresos actuales en diversas artes nos alejan de la idea de que la obra de arte es primordialmente su contenido, esta idea continúa disfrutando de una extraordinaria supremacía. Permítaseme sugerir que esto ocurre porque la idea se perpetúa bajo el disfraz de una cierta manera de enfrentarse a las obras de arte, profundamente arraigada en la mayoría de las personas que consideran seriamente cualquiera de las artes. Y es que el abusar de la idea de contenido comporta un proyecto, nunca consumado, de interpretación. Y, a la inversa, es precisamente el hábito de acercarse a la obra de arte con la intención de interpretarla lo que sustenta la arbitraria suposición de que existe realmente algo asimilable a la idea de contenido de una obra de arte.

2 comentarios to “Contra la interpretación (I)”

  1. Enhorabuena por tu blog
    Nos vemos en el curso
    Pincio -como los jarnices reomanos.

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