La metaliteratura en La noche de las palabras

Terminamos con esta entrada el análisis de la obra de Pousa. Nos centramos en lo que algunos llaman “metaliteratura”

Miguel Andrade Seoane es un pintor. Su vida es el coleccionismo, las relaciones sexuales, sus libros. Andrade deambula de mujer-objeto en mujer-objeto, de libro en libro, de exposición en exposición. Los amantes de las referencias pueden estar contentos. Por las páginas de La noche de las palabras pasan, entre otros, Juan Rulfo, Cunqueiro, Pere Gimferrer, Fole, Lugris, Joyce, Aristóteles, Ortega,  Miró, Genet, Picasso, Fellini, Kafka, Gaudí, Braque, Gris, Picasso, Mallarmé, Strindberg, Voltaire, Velázquez, Virgilio, Séneca, Tucídides, Cátulo, Shakespeare, Quevedo, Dante, Sterne, Montaigne, Rabelais, Goethe, Aragón, Vicente Risco y hasta se permite una pequeña broma filosófica con los peripatéticos (seguidores de la filosofía de Aristóteles).

Estas referencias no son gratuitas, no son un ejercicio de pedantería. Se describe un mundo de exposiciones, de libros, de arte; un mundo alejado de lo práctico, donde los elementos cotidianos  resultan ser un tema casi tabú. Situémonos en esta iluminación: todas esas referencias encajan perfectamente.

Enrique Vila-Matas ante la recurrente pregunta ¿De dónde le viene tanta afición por la metaliteratura? (nos imaginanos que debido al desfile de numerosos escritores o personajes en sus obras) responde que la literatura no tiene ninguna relación con la realidad y como decía Manganelli la realidad es una palabra que encubre una intimidación moral del lenguaje. La literatura es una realidad en sí misma, con su sentido, su coherencia.

Según Ricardo Piglia, la metaliteratura no existe. Se trata tan sólo de un cliché crítico que confronta una tradición compleja de narración de historias (que usa mucho la referencia, la construcción sobre otros elementos ya hechos) con una “narrativa normal” de fácil acceso “a todo el mundo”. Es decir tenemos un neopopulismo antiintelectual de la cultura de masas, con un elenco de escritores que quieren ser admitidos como personas sencillas, nunca intelectuales. En algunos de estos escritores o lectores hay una adoración perversa hacia la Novedad, entendida como una perversión de la Originalidad, buscando en cualquier cambio diminuto la diferencia que justifique la obra. Frente a ellos hay una trinchera, la de aquellos que buscan nuevas formas, escritores que conversan sobre libros y sobre las nuevas realidades literarias, y que entiendo por originalidad, aparte de lo nuevo, la acepción que nos remite al origen.

2 comentarios to “La metaliteratura en La noche de las palabras”

  1. Gracias, Javier, por tus generosas palabras y por este profundo análisis sobre “La noche de las palabras”. He descubierto en él algunas cosas de mi propia novela que desconocía o sobre las que no había reflexionado en ese sentido. Un fuerte abrazo, gracias y ánimo con el blog.
    Luís

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