Albert Camus

Hoy vamos a hacer un alto en el camino. No expondré nada de la obra de Luis Pousa (continuaré con ella en la próxima entrada).

El motivo es una efemérides. El 4 de Enero de 1960, en accidente de coche, murió Albert Camus. Se han cumplido, por tanto, cincuenta años de tan sonada muerte.

Y, además de la pura noticia en sí, han surgido un contrapunto de voces hablando de las vinculaciones políticas del autor, así como de cual sería su postura política hoy en día. Para mí, todo esto no deja de entrar en el terreno de la pura especulación;  ni puedo, ni me interesa especialmente resolverlo. En este sentido, me remito al artículo de Edgar Borges:

http://www.elcomerciodigital.com/20100114/opinionarticulos/albert-camus-entrega-rebeldia-20100114.html

 

Sabemos que Albert Camus nació en Argelia y que, ya adulto, se marcharía a Francia. Simpatizó (al menos en sus comienzos) con movimientos comunistas y anarquistas. Existía en él, al menos en cierta época, un cierto compromiso político. Esto no fue óbice para que Sartre, lo acusase de que su rebelión era puramente estética. Para Sartre ser escritor y comprometido eran dos caras de la misma moneda.

Cree al cuento, no al cuentista. Es decir, fijémonos en la obra de Camus, y olvidémonos un poco de sus circunstancias vitales. Creo que el problema se encuentra en la concepción que existe sobre la obra artística. Los filósofos griegos no consideraban al arte como un elemento autónomo, sino como
mímesis, es decir, copia, imitación de la vida. Si Platón ya creía que la vida era una copia devaluada de un mundo mejor y más perfecto, imagínemos entonces su opinión sobre el arte, al que consideraba una copia de una copia. Aristóteles le daba un mayor peso al arte, ya que al menos la consideraba como un elemento consolador, un calmante. Pues bien, yo considero que estas concepciones están completamente vigentes hoy para mucha gente. Por lo tanto, y he aquí el problema, se subordina el arte a otros elementos de lo real (y aquí puede entrar hasta su papel como difusora de una ideología como sucedió con los sistemas totalitarios).

La obra de Camus, como la de Kafka ha sido objeto de múltiples matices y (re)interpretaciones. Ante estas interpretaciones de la obra de Camus que la acercan directamente a lo político y a lo religioso, yo diría que puede, pero no deja de ser pura especulación.  Es más, no las necesita. A Camus le basta con plasmar los efectos del existencialismo, lo absurdo de afirmar rotundamente la no existencia de Dios o de algo trascendente, así como (y he aquí la paradoja) lo absurdo de afirmar rotundamente lo contrario. Estamos condenandos a vivir ese absurdo. La creencia absoluta en que nada trasciende, es la que lleva al protagonista de “El extranjero”, el señor Mersault, a ser de una frialdad suprema, y a Camus escribir una obra con un lenguaje que es tan fríamente objetivo, separado de cualquier sentimiento, que duele (y a lo que Mersault ayuda con su constante indiferencia). Por esta obra es una condena al existencialismo ateo, tal y como Sartre lo concebía (recordemos que hubo un existencialismo cristiano, defendido por Kierkegaard). A Camus le basta con plasmar la tragedia de Sísifo en la vida cotidiana. En cierta forma, somos seres condenados a subir una piedra hasta la cima, que luego rueda hasta el valle y hay que volver a empezar. Lúcidamente, dice que la tragedia no estriba en que la piedra caiga, sino en que nosotros no tenemos ninguna esperanza de que permanezca en lo alto. Sabemos seguro que va a caer y que, cuando lo haga, tendremos que volver a subirla: la eterna repetición de los días.

 
Camus no necesita exégetas baratos: su obra es claramente independiente de cualquier consideración social, ataca al túetano mismo del hombre, de cualquier hombre.

2 comentarios to “Albert Camus”

  1. Hola, Javier.
    Un amigo común, de la editorial “La fragua del trovador” por más señas, me ha dado la dirección de tu página. Entro aquí y me encuentro a Albert Camus “un vieux connu de jadis, l’un de mes “maîtres à pensée”…”
    Gracias y enhorabuena.
    Espero que sigas trabajando … y escribiendo y que nos des alguna nueva sorpresa.
    Mi hija ha leído también tu libro de relatos; ella es una gran lectora y tinens también todas sus bendic¡ones. Si te pierdes por Zaragoza, no olvides de que te queremos dar un abrazo.
    Mariano Ibeas

    • Hola, Mariano.

      Te recuerdo perfectamente “Del miedo a morir, nació la maestría de narrar” que usaste en nuestro acto. Te invito a pasarte por aquí de vez en cuando, como yo hago por desdeldesvan. Lo de Camus fue un detalle por su efemérides. Estamos trabajando para seguir dando satisfacciones a los lectores. Un abrazo para ti y recuerdos para esa gran lectora que es tu hija. Espero que pronto nuestros destinos se crucen en tierras mañas (o en las gallegas).

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